
Se trata de una macuquina de segundo tipo, que si bien no se puede apreciar su datación, este tipo de monedas empezaron a acuñarse a partir de 1651, luego del fraude de amonedaciones[1] ocurrido en la Casa de la Moneda de Potosí. Hacia 1570 se implementó un sistema de amalgama para refinar la plata con azogue (mercurio) que propició un despunte sin precedentes en la explotación minera, con la consecuente producción de monedas y la exportación de plata en bruto hacia Europa a partir del reinado de Felipe II.
Así, las exportaciones de plata en bruto y amonedada se realizó en altas cantidades, debido a la expansión del Imperio Español y sus dominios. En este contexto, el naufragio de embarcaciones era un fenómeno muy común, donde el transporte marítimo estaba a la orden del día. En un inicio, se movilizaban los ejércitos y posteriormente los buques y galeones, en varios de los derroteros del imperio, especialmente el de la “Real Marina de los mares del Sur y mar océano” que se encargaban del traslado de mercancías y metales preciosos, que eran bienes disputados tanto por los propietarios de las embarcaciones como por sus adversarios y piratas.
Frecuentemente, estos navíos terminaban en medio de enfrentamientos armados, tormentas o chocaban con arrecifes, factores que desembocaban en la pérdida de las naves y sus cargas. Este fenómeno se puede datar desde el inicio de la navegación, con embarcaciones de todas las latitudes de la Tierra que exploraban el océano, abarcando desde la Grecia Helénica hasta las comunidades en toda Asia. Durante el periodo colonial en América, las costas del Pacífico Sur y Atlántico se llenaron de naufragios, guardando consigo todos los bienes e historia que trasportaban.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, muchos interesados en estos tesoros subacuáticos comenzaron un proceso de extracción de bienes con la ayuda de buceadores expertos que exploraban los recintos y algunos arqueólogos que pretendían extraerlos con fines educativos. En el año 2001, Ecuador se suscribe al plan de la UNESCO para la conservación del Patrimonio Cultural Subacuático, mismo que procura proteger los bienes con características histórico culturales sumergidos durante al menos 100 años, en el estado y lugar en el que se encuentren, ya que son restos históricos que independientemente de su origen, forman parte del acervo cultural de la humanidad.
Tal es el caso del Galeón “La Capitana”, El purísima concepción de José y María que fue construido en el Astillero de la Real Marina de los mares del sur en el puerto de Guayaquil, en noviembre de 1654 naufraga frente a las costas de Chanduy en la península de Santa Elena. Esta embarcación llamada originalmente “Jesús María de la Limpia Concepción”, era la Capitana de la Armada del Mar del Sur. Pero, no fue hasta el año de 1997 que se realizó la primera exploración submarina del naufragio, que se retomó años después por el INPC, con tres intervenciones en los años 2000, 2006 y 2008.
No obstante, no es el único caso, ya que la historia subacuática del Ecuador tiene un origen mucho más temprano, mismo que parte desde el 4000 a.C.; con las culturas prehispánicas que se adentraban en el mar en búsqueda del “fruto de los dioses”, la concha Spondylus y las caracolas Stombus. Avanzando en el tiempo hasta llegar a naufragios mucho más tardíos como el buque “Alajuela”[2] del frente alfarista en la Revolución Liberal, que partió desde Costa Rica, mismo que fue incinerado frente al poblado costero de Jaramijó y posteriormente abandonado en 1884.
Luego de la convención de UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático (2001) se acordó mantener las piezas in situ para que perduren en el tiempo, sin embargo, los contratos de concesión de rescate y explotación, han extraído de las costas del Pacífico y del Caribe, varios ejemplares algunos se hallan bajo la custodia de los países ribereños, y otros en eternos litigios legales por el derecho de usufruto y propiedad. El Museo de la Moneda del Banco Central del Ecuador, cuanta con un ejemplar posiblemente encontrado en las playas de Ecuador.
Doménica Bejarano
Pasante del Museo de la Moneda
Lorena Rosero
Investigadora Museo de la Moneda
Referencias:
Porras, J. A. J. (2019). Arqueología subacuática en el Ecuador: estado de la cuestión. Revista de Historia, Patrimonio, Arqueología y Antropología Americana, 1, 5-21.
Cerezo Andreo, F. (2012). La Convención de la UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático 2001. Las nuevas vías de trabajo en el campo de la Arqueología Subacuática y su Difusión. Actas das IV Jornadas de Jovens em Investigação Arqueológica-JIA 2011.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.7 en línea]. <https://dle.rae.es> [09-04-2024].
Escamilla, M., Valentini, M., & García-Cano, J. (2005). El Salvador sumergido: Reconocimiento del patrimonio cultural subacuático. In XIX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala (pp. 282-290). https://www.jstor.org/stable/48574162
Echeverría-Almeida, J., & Athens, J. S. (2016). Investigación subacuática en las lagunas de Yahuarcocha, San Pablo, Mojanda, provincia de Imbabura, Ecuador. Revista de Arqueología Americana, (34), 125-142.
https://core.ac.uk/download/pdf/234606489.pdf
Huarte, E. Z. (1984). Iniciativas reformistas des de el Nuevo Reino de Granada (año 1773). Revista de Indias, 44, 173.
[1] En la Real Casa de la Moneda de Potosí se dio un fraude que fue descubierto años más tarde; se trató de la emisión de monedas con falta de ley, es decir con menos cantidad de plata de la que una moneda debía tener. Este hecho, motivó el cambio de diseño de la moneda macuquina a la de “segundo tipo”, como es la que tenemos en este caso.
[2] El buque Alajuela, es originario de Costa Rica, fue adquirido por contribuciones de las huestes alfaritas y facilidades del gobierno de tendencia liberal del referido país.