
El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a la moneda de 8 reales de 1746 de la Casa de la Moneda de México, que forma parte de la Colección del Museo.
A partir de 1580, los territorios americanos empezaron a simbolizar una pieza clave para la gran expansión del Imperio Español debido a la explotación de metales preciosos que alcanzó volúmenes sin precedentes hasta ese entonces (Braudel, 2015, p. 29). Hasta 1550, los cargamentos de metal provenientes de América eran mixtos: de oro y plata; sin embargo, a partir de ese momento, los cargamentos que se transportaban en galeones a Sevilla, eran solamente de plata debido al descubrimiento de las importantes minas en Nueva España – Zacatecas y en el Virreinato del Perú, la gran mina de Potosí (Braudel, 2016, p. 479).
Este importante despunte de la explotación de la plata americana estuvo determinado también por la implementación, en 1570, de un sistema de amalgama para refinar la plata con azogue[1] que propició una mayor explotación y un extraordinario aumento en las exportaciones a Europa (Elliot, 2003, p. 28). Esto produjo una llegada masiva de plata americana amonedada y en lingotes a los territorios europeos que sostuvo la economía del Antiguo Régimen. De esta forma, desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XVIII la plata proveniente de América representó el 80% de la producción mundial (Marichal 2017, p. 37).
Para las sociedades y economía del Antiguo Régimen, tanto el oro como la plata fueron metales valorados como mercancías dinero, privilegiando su acumulación ya sea en monedas o materia prima (Ibídem), por su poder de cambio por otras mercancías valiosas y por su valor intrínseco. En este contexto, los reales de a 8 amonedados en Hispanoamerica se posicionaron durante tres siglos como una moneda fuerte y apetecida a nivel mundial por su alto nivel de pureza, confianza y aceptación universal en el comercio (Marichal 2027, p. 39).
Los primeros reales de a 8 conocidos en América y que son muy escasos fueron acuñados por la Casa de Moneda de Lima. El resto de cecas americanas empezaron a batir esta denominación a partir de 1572 (De Santiago Fernández, 2022, p. 42). El gran fraude que tuvo lugar en la Casa de Moneda de Potosí a mediados del siglo XVII afectó el peso de ley y fineza de las monedas de plata, que fueron aleadas con una gran cantidad de cobre, propiciando el cambio en las políticas y medidas adoptadas por la Corona Española en cuanto a la amonedación, obligando además a crear una nueva estampa en la moneda para diferenciarla de la “rochuna”.
Esta coyuntura, contrario a lo que se podría pensar, brindó un mayor impulso al peso de plata amonedado en América, pues el Consejo de Indias estipuló en 1687, que las monedas acuñadas en América mantuvieran la composición antigua de plata mientras que las monedas castellanas que aún circulaban tendrían un valor de 10 reales de plata nueva (De Santiago Fernández, 2022, p. 55). Esto dio lugar al reconocimiento de dos tipos de plata, “la plata nueva” o más ligera de circulación interior, mientras que la plata batida en América se consagró como de curso internacional por ser una “plata gruesa” o de talla antigua, defendiendo su alta fineza (Ibídem). Así, a pesar del percance ocurrido con la ceca de Potosí, el peso de plata hispanoamericano mantuvo asombrosamente durante tres siglos su alta calidad de acuñación y equivalencia (Marichal 2027, p.45).
Con la llegada de la mecanización a las cecas a través de la incorporación del volante de acuñación y las máquinas de acordonar, el control de ley, puereza y calidad de las monedas alcanzó niveles casi perfectos. En 1733 se instaló esta nueva maquinaria en la Casa de Moneda de México, “(…)para finales del siglo (XVIII), la Casa de Moneda de la Ciudad de México estaba produciendo un promedio de 20 millones de pesos de plata al año” (Céspedes 1996 en Marichal 2017, p. 47), consagrándose como la mayor productora de las cecas americanas cuya amonedación se expandió a nivel mundial.
Las estimaciones realizadas por el científico alemán Alexander von Humboldt publicadas en 1811 y que han sido aceptadas hasta hoy como las más precisas, arrojan que para el siglo XVIII ingresaron mundialmente un total de 43 millones de pesos anuales, entre monedas entre oro y plata acuñadas en América hacia Europa, Rusia, Oriente Próximo, China e India a través de las rutas del Galeón Manila y del Cabo de la Buena Esperanza que transportaron plata no solamente mexicana si no también potosina (Humboldt 1811 citado por Marichal 2017, p. 58).
Uno de los más grandes mercados mundiales de plata hispanoamericana, sin duda fue China, que para el siglo XVI ya tenía 100 millones de habitantes (Marichal 2017, p. 60), convirtiéndose en el mercado más grande del mundo para el siglo XVIII. En este panorama, la demanda de plata fue enorme, pues para la sociedad china el ahorro y la acumulación de metales preciosos fue central como una “forma racional de tener liquidez”, debido a que su economía no contaba con bancas de depósito o cuentas de ahorro (Marichal 2017, 65).
Este real de a 8 de la Casa de Moneda de México es un testimonio del comercio global y las conexiones mundiales entre América y con sociedades tan distantes como la china o la hindú. El intenso consumo y comercio de mercancías valoradas como la plata, la seda, el marfil, el azúcar, el cacao, entre otras, nos permite pensar en un mundo y unas sociedades históricamente conectadas y en constante movimiento.
Datos técnicos:
8 Reales, 1746, México, Casa de la Moneda de México. Colección Museo Numismático BCE
Bibliografía:
Braudel, Fernand. 2016. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México: Fondo de Cultura Económica. Tomo I
Braudel, Fernand. 2015. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México: Fondo de Cultura Económica. Tomo II
Brading, David. 2017. Orbe indiano. De la monarquía católica a la república criolla, 1492 – 1867. México: Fondo de Cultura Económica.
Chacón, Manuel y Cuño Bonito Justo (eds). 2022. “Monedas, Medios de Cambio y Espacios de Circulación en América Latina y España: 1500 1900”. San José de Costa Rica: Fundación Museos Banco Central de Costa Rica. Enlace: https://museosdelbancocentral.org/exhibiciones/monedas-medios-de-cambio-y-espacios-de-circulacion-en-america-latina-y-espan%CC%83a-1500-1900/
Elliot, John. 2003. “España y América en los siglos XVI y XVII”. En Miguel León – Portilla et. al., América Latina en la época colonial. 1. España y América de 1492 a 1808, 1-41. Barcelona: Crítica.
Marichal, Carlos. 2017. “El peso de plata hispanoamericano como moneda universal del antiguo régimen (siglos XVI – XVIII). En De la plata a la cocaína. Cinco siglos de historia económica de América Latina, 1500 – 2000, coordinado por Carlos Marichal, Steven Topik y Zephyr Frank, 37-75. México: FCE, El Colegio de México.
Lorena Rosero M.
Investigadora - curadora
31 de marzo 2023
[1] El método de amalgamación o "de patio" constituyó una verdadera revolución en la minería de la plata hispanoamericana. Para este procedimiento se utilizaba mercurio o azogue, que era mezclado con la plata molida y otras sustancias; la mezcla era depositada por dos o tres meses en grandes patios. De esta mezcla se obtiene la amalgama para luego ser lavada y fundida, obteniéndose plata más pura y recuperándose parte del mercurio, para volver a ser utilizado (Gallaga 2020).