
Las memorias se forman por fragmentos dispersos que nos cuentan lo no oficial de la historia. Mientras vivimos unos días de aislamiento por la emergencia sanitaria nacional, volver a los tejidos familiares y comunitarios puede ser una manera de encontrar formas de enfrentar la crisis. Para los seres humanos y más aún para los adultos mayores recordar significa vivir, es la posibilidad infinita de seguir tejiendo presente y futuro a través de la experiencia, de los saberes y las prácticas que creemos olvidadas.
Dentro del campo económico y numismático existe una importante veta que tiene que ver con los usos cotidianos de las monedas o las formas prácticas de manejarlas, y que nos habla de otros campos del tejido social como: las creencias, las formas de hacer comunidad, el ingenio con el que se sortea la vida en el día a día, el humor y el humor político.
Las pesetas, las borrachitas, el calé con coco, los reales, las lauritas, los ayoras son nombres de las monedas de sucre que han quedado en la memoria popular de la gente y que nos transportan a situaciones específicas y a distintos momentos de la vida cotidiana a través del tiempo.
Los reales por ejemplo, es el nombre con el que se conocía a las distintas denominaciones de las monedas de sucre en los años cuarenta a sesenta, aproximadamente. Un real era el equivalente a 10 centavos de sucre, dos reales a 20 centavos, que también eran conocidos como pesetas. Cuando le preguntamos a nuestra informante qué se podría comprar con todas esas denominaciones ella nos cuenta que con un real se compraba 5 o 6 panes; con medio real una bolsita de mote, con tostado y arvejas; con dos reales o una peseta hacía compras para el almuerzo de la familia, que en ese entonces estaba compuesta de ocho miembros.
Podemos recordar también al calé con coco que equivalía a dos centavos y medio de 1928, sobre el cual cuenta la memoria popular que al no existir piezas de medio centavo para esa época, las transacciones tenían que hacerse por tres centavos por lo que el medio centavo se compensaba con una pequeña fruta conocida como “coco chileno”. La fruta entonces pasó a formar parte del monetario circulante.
A inicios del siglo XX podemos recordar a las famosas lauritas que eran las monedas de cincuenta centavos de sucre (1928 – 1930) y los ayoras que eran monedas de un sucre de los mismos años. Estos nombres fueron atribuidos en referencia al presidente Isidro Ayora y a su esposa Laura Carbo. En este contexto se creó el Banco Central del Ecuador.
Todos han escuchado alguna vez a sus abuelos, familiares, vecinos o incluso ellos mismos recordarán estos sobrenombres que se dieron a las monedas y que traen a la memoria hermosos momentos familiares y anécdotas que en esta época de aislamiento social abrigan nuestros corazones. Desde el Museo Numismático del Banco Central del Ecuador te invitamos a conversar con tus familiares sobre las anécdotas alrededor de las antiguas monedas y a fomentar la transmisión oral de nuestra historia numismática. Además te dejamos una divertida activi
Ahora que ya conoces más sobre las monedas ecuatorianas te invitamos a poner a prueba tus conocimientos.


