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Política para el tratamiento de datos personales

Hugo Rosero

Hugo Rosero

BCE

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a la moneda de 1 sucre de 1884 acuñada por la casa Birmingham Heaton que forma parte del la Colección Numismática del Museo.

La falta de moneda debido al cierre de la Casa de Moneda de Quito provocó, desde mediados del siglo XIX, desorden en la circulación de especies monetarias que medianamente fue controlado por las emisiones de los bancos particulares, autorizadas por el Gobierno de Gabriel García Moreno. 

Sin embargo, durante las presidencias de Borrero y Veintimilla no se dispuso nuevas acuñaciones , por lo que ingresó a Ecuador, cantidades considerables de monedas extranjeras que circularon en el país como nacionales, causando caos en el circulante, en los precios y en la economía en general.

Con el propósito de subsanar la escasez de moneda, la Convención Nacional de 1884 dictó una nueva “Ley de Monedas”, en la que se creó oficialmente el sucre como moneda nacional, cambiándose además el sistema monetario del octal al decimal francés.

El decreto definió las características de la nueva divisa y su correspondiente cono monetario. Los bancos particulares fueron autorizados como emisores para la acuñación de las nuevas monedas e impresión de billetes bajo la nueva ley con un margen de ganancia.

El sucre, fue la moneda de curso legal y forzoso en nuestro país, desde 1884 hasta el año 2000. Con esta primera acuñación se formalizó en el Ecuador, el cambio al sistema decimal francés abandonando definitivamente el sistema octal del “peso” español.

La figura de Antonio José de Sucre tomó relevancia en la esfera pública nacional, cuando la Convención Nacional en 1846, lo reconoció como el principal caudillo de la independencia ecuatoriana (Fernández – Salvador, 2015).

En este contexto, la misma Convención Nacional en 1884 regularizó el sistema monetario nombrando al nuevo numerario como “sucre” y mejorando su ley de fino a 0.900 milésimas de plata, similar al real de a 8 español. Las monedas acuñadas en plata se llamaron “sucres” y en oro “cóndor”. La nueva ley de monedas se expidió por parte del presidente de la República Dr. José María Plácido Caamaño el 28 de mayo de 1884 en la que se dispuso el diseño:

“…Art. 3º. El sello de las monedas de oro y plata, será el siguiente: por el anverso el Busto del General Antonio José de Sucre: en contorno la inscripción REPÚBLICA DEL ECUADOR; y al pie el numero del año de la acuñación; por el reverso el escudo de armas de la República: en contorno y a la izquierda, el peso de la moneda en números: a su derecha, la ley en números: en la parte superior, el valor expresado en letras; y al pie las iniciales del nombre y apellido del ensayador, y a continuación el nombre del lugar de acuñación.” (Ley de Monedas 1884 citado por Ortuño, 1977, p. 145).

De esta manera, la moneda sucre fue acuñada en distintas casas de moneda como Heaton Birmingham, Santiago de Chile, Lima y Filadelfia, introducida y distribuida por varios bancos particulares como el Banco de Quito,  Banco Internacional, Banco del Ecuador y Banco Comercial y Agrícola.

La creación del sucre se enmarca en un contexto de exaltación a la personalidad de Antonio José de Sucre como héroe nacional. Los gobiernos progresistas realizaron una serie de programas para rescatar su figura, especialmente a través de esculturas públicas como las que se inauguraron en 1874 y 1892, además de dibujos del maestro Joaquín Pinto generados en el protocolo del rescate histórico de sus restos y reliquias en la exhumación ocurrida en 1900 en el monasterio de clausura del Carmen Bajo de Quito y por supuesto el bautizo de la moneda nacional ecuatoriana con su nombre (Fernández – Salvador 2015).

A partir de 1928, el sucre fue acuñado en varias casas de moneda internacionales y emitido por el Banco Central del Ecuador como único banco nacional emisor de moneda, hasta su última emisión en monedas y billetes de 1995.

 

Bibliografía:

Bustos, Guillermo. 2017. El culto a la nación : escritura de la historia y rituales de la memoria en Ecuador, 1870-1950. Quito: Fondo de Cultura Económica / Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Fernández - Salvador, Carmen. 2015. “De monumento a cuerpo: reinventando la memoria de Sucre en Quito (1892-1900)”. Revista 19&20, Rio de Janeiro, v. X, n. 2, jul./dec. Enlace: http://www.dezenovevinte.net/uah2/cfs.htm

 

Lorena Rosero M.

Investigadora – curadora

Museo Numismático BCE

 

 

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes al billete de 5 pesos del Banco Particular de Descuento i Circulación de Guayaquil emitido en 1864 que forma parte del a Colección Numismática del Museo.

A mediados del siglo XIX, Ecuador vivía una crisis monetaria ocasionada por la ausencia de circulante devenida de las constantes averías de la maquinaria de la Casa de la Moneda de Quito, edificación que además se vio afectada por el terremoto de 1859. En este contexto, el Banco Particular de Descuento i Circulación de Guayaquil propuso al gobierno de la época rehabilitar la ceca quiteña, a cuyo efecto firmó un contrato en el que se comprometía a amonedar reales de a dos y cuatro que se acuñan en 1862, para lo cual encarga la elaboración de los cuños al grabador de la Casa de Moneda de París, Albert Desiré Barré. Los intentos por salvar la Casa Quiteña no surtieron efecto por lo que su cierre definitivo fue en 1863. Con este hecho, el Banco Particular de Descuento i Circulación de Guayaquil tomó las riendas de las acuñaciones y de las primeras impresiones en papel moneda en el Ecuador.

El BPDC de Guayaquil inició sus operaciones en 1861, con un capital inicial de 100.000 pesos en dinero y 300.000 en pagarés (Hoyos 2019, p. 33). A partir de 1864 se imprimieron en la Casa William Brown & Company London las denominaciones de 1, 5, 10, 20, 50 y 100 pesos; en el caso de la de 5 pesos se imprimieron billetes en distintos tipo de papel (crema y rosado) (Hoyos 2019, p.39). El billete que presentamos en esta ocasión está impreso en papel rosado.

 

Los billetes de este banco no eran de inmediata conversión por lo que el Gobierno había realizado amortizaciones a plazo (Banco Central del Ecuador, inédito), es por ello que la leyenda del billete es explicita: “El Banco pagará al portador a la vista cinco pesos en efectivo”. El Banco Particular de Descuento operó hasta 1867 estando autorizado a emitir billetes de hasta el triple del “capital en caja” (Hoyos 2019, p. 39), sin embargo el Banco incumplió este compromiso de emisión, siendo acusado de emisiones sin respaldo. En 1870 tuvo que liquidarse, vendiéndole sus activos y pasivos al Banco del Ecuador (Banco Central del Ecuador, inédito).

 

Datos técnicos:

5 Pesos, Banco Particular de Descuento y Circulación de Guayaquil, 1864, William Brown & Company London. Colección Museo Numismático BCE

 

Bibliografía:

Banco Central del Ecuador. "Ficha técnica. Registro de bienes culturales. 5 pesos Banco de Descuento y Circulación 1864 ". inédito.

Hoyos Melvin. (2019). Historia del papel moneda en el Ecuador. Guayaquil: Municipalidad de Guayaquil.

 

Lorena Rosero M.

Investigadora – curadora

Museo Numismático BCE

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a las monedas de ½ real de plata y de 1 escudo de oro de 1833 de la Casa de Moneda de Quito que forman parte de la colección del Museo Numismático. Estos bienes culturales se encuentran exhibidos en la sala “Plata, cacao y banca”.

Las monedas nos permiten adentrarnos en el proceso de creación de la Casa de la Moneda en Quito en 1833 a raíz de la constitución del Estado del Ecuador en 1830. La instauración de una casa acuñadora de moneda en Quito fue un proyecto que inició en la Gran Colombia con la iniciativa de Simón Bolívar desde 1823 pero que no llegó a concretarse (Costales s/f, 22).  

Fue el 23 de octubre de 1831, que el presidente del Ecuador, Juan José Flores, comunicó al Congreso la resolución de establecer en Quito una Casa de Moneda. En base a este decreto, el Congreso ordenó la creación de la ceca, dictándose en el Primer Registro Auténtico Nacional la Ley de Monedas que reguló en un primer momento el tipo acuñaciones de la naciente Casa:

Art. 1 En la casa de moneda que establezca en esta capital se acuñarán por ahora doblones de a cuatro, escudos, y medios escudos de oro; pesetas, reales, medios y cuartillos de plata” (Primer Registro Auténtico Nacional Nro. 21 1831, 127).

La Casa de Moneda de Quito se empezó a  establecer desde 1832 en la esquina norte del edificio ubicado en la calle García Moreno y Espejo (actual Centro Cultural Metropolitano, Quito). El Sr. Alberto Salazza fue su primer director y recibió del Estado la cantidad de “cuatro mil doscientos diez y ocho pesos, seis reales con los que logró montarla” (Costales s/f, 24). 

La tarea fue titánica, muchos de los utensilios e implementos se trajeron de algunas ciudades del país y la prensa de acuñación del extranjero. Para el manejo de estos implementos y maquinaria fue necesario el contrato de personal especialista en estas actividades. El ensayador mayor con el que arrancó la ceca fue Guillermo Jameson, el juez de balanza José Villacís, el fundidor Andrés Solano, el guarda cuños Antonio Benítez (Costales s/f, 25).

Las primeras monedas de la Casa Quiteña aparecieron en circulación a partir de 1833 amparadas en una nueva Ley de Moneda en la que se detalla el tipo de monedas que se acuñarán y las características de las mismas.

 

Art. 1. Por ahora solo se sellarán en la casa de moneda escudos de oro, pesetas y medio reales de plata.

Art 2. El tipo de las monedas del Ecuador será orbicular, con cordón al canto y grafila alrededor de los planos: en el anverso de ellas se grabarán las armas del Estado, compuestas de dos cerritos que se reúnen por sus faldas, sobre cada uno de ellos aparecerá posada un águila; y el sol llenará el fondo del plano: en el lado izquierdo de este plano, y al lado del sol, se verá en las pesetas el número 2: y a la derecha una R (inicial de la palabra real); y en los medios una M a la izquierda del mismo sol, y una R a la derecha. En la circunferencia se escribirá este mote: El poder en la constitución: al pie de los cerritos el milésimo del año de la acuñación; y enseguida las letras iniciales del ensayador: G.J. En el reverso se grabarán las armas de Colombia; en su circunferencia estas palabras: El Ecuador en Colombia y Quito al pie de las armas.

Art. 3. El tipo de la moneda de oro será igual de la plata por el anverso; en el reverso se grabará el busto de una india con el cabello ceñido con una cinta, en la cual estará inscrito el mote libertad; en la circunferencia, el Ecuador en Colombia; debajo del busto Quito; a la izquierda de este una U (que quiere decir un) y a la derecha una 1 (escudo)” (Primer Registro Auténtico Nacional Nro 45. 1833, 353. Énfasis añadido)

 

Tanto la moneda de ½ real como la de 1 escudo de 1833 corresponden así a las primeras monedas que se batieron en la Casa de Moneda de Quito y resulta interesante observar las primeras construcciones gráficas del naciente Estado del Ecuador a través de la moneda, incluso por el epígrafe grabado desde 1833 a 1835, que decía “EL ECUADOR EN COLOMBIA”. Destacan los cerros que aluden al volcán Pichincha y el triunfo que sella el proceso independentista y las alusiones clásicas a la libertad con la representación femenina que proviene de la iconografía francesa de la Revolución.

Resultan curiosas algunas características de esta primera acuñación, especialmente en el caso de la moneda de 1 escudo. La Ley de Moneda publicada en el Primer Registro Auténtico Nacional en 1833 reconoce como reverso al lado de la moneda en donde se graba el busto de una mujer con el cabello ceñido con la palabra Libertad y donde se encuentra el valor facial; mientras que esta cara de la moneda para la ciencia numismática es reconocida como el anverso.

Adicionalmente, resulta curioso que en la moneda de 1 escudo el decreto menciona que se debía grabar un busto de una india, siendo que finalmente en la moneda se puede observar una imagen de una mujer de características blanco – mestizas con cabello ceñido y vestida con toga a la usanza romana, que representa la libertad y la nación. Esta forma de representación además es compartida con las monedas de oro colombianas.

Estas monedas son muy especiales en nuestra colección y forman parte fundamental de nuestra historia monetaria y económica pues representan desde múltiples sentidos parte de la construcción de un país que rescató elementos regionales en su iconografía como el busto de la libertad, los cerros (volcán Pichincha), como alusiones a su historia reciente que fortalecieron el sentido de nación independiente e incluso son el inicio del proceso de construcción de un “cuño de identidad ecuatoriano”.

La historia de producción de esta Casa de Moneda tuvo sus altos y bajos debido a los problemas con la rotura del tornillo de la prensa de acuñación en múltiples ocasiones. El terremoto que azotó a Quito en 1859 fue muy destructivo para el edificio en donde se encontraba la Casa quiteña con lo que se acentuaron los problemas estructurales (Vasquez 2005, 80). Finalmente, en 1863 con la rotura definitiva de la prensa de acuñación la institución dejó de funcionar.

Anexo

Decreto. 1833. Primer Registro Auténtico Nacional Nro 45.

 

Datos técnicos:

½ Real, 1833. Quito. Colección Museo Numismático BCE

1 Escudo de Oro, 1833. Quito. Colección Museo Numismático BCE

Bibliografía:

Costales Piedad, Costales Alfredo. s/a. Historia de la Casa de Moneda de Quito (1534 – 1863). Quito: s/e.

República del Ecuador. 1833. Primer Registro Auténtico Nacional Nro 45.

Vásquez Hann, María Antonieta. 2005. Luz a través de los muros: biografía de un edificio quiteño. Quito: FONSAL.

Lorena Rosero M.

Investigadora – curadora

28 de junio 2023

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes  al cuadro “San Eloy, a devoción de don Vicente López Solís” del autor Bernardo Rodríguez fechado en 1755. Este óleo sobre lienzo pertenece a la Colección del Ministerio de Cultura y Patrimonio y se encuentra en exhibición en la sala 2 Monedas de América del Museo Numismático del Banco Central del Ecuador.

Esta pintura de mediados del siglo XVIII, constituye uno de los dos[1] únicos bienes materiales que se conservan hasta la actualidad  como testimonio de la “Cofradía de Plateros quiteños de San Eloy”. Las cofradías y los gremios jugaron un rol fundamental en la sociedad colonial quiteña pues dinamizaron las relaciones sociales y económicas de la Audiencia de Quito y estuvieron ligadas a los distintos conventos, parroquias y monasterios de la ciudad (Guerra  2000, 25).

Las cofradías y los gremios, son una herencia de la España medieval (Minchom 2007, 89) que llegó a América. La misión principal de estos grupos fue encargarse de la difusión y mantenimiento del culto religioso; sin embargo por su estructura e importancia social en torno a la religiosisdad, las cofradías principalmente perseguían también fines económicos relacionadas a los bienes y capitales que administraron (Guerra 2000, 26).

            Las cofradías se constituyeron como espacios de “ayuda mutua” (Michom 2007, 90) en los que por un lado acrecentaba su importancia y poder debido a las donaciones y aportaciones de sus miembros, pero también funcionada como espacio de ayuda para sus cofrades para cubrir gastos por enfermedad, funerales y misas (Guerra 2000, 26).  Con el capital ingresado, las cofradías financiaron la construcción de altares, capillas, fiestas religiosas anuales y servicios de asistencia material a los miembros de la misma (Ibídem). Con lo que las cofradías y los gremios asociados a ellas, son considerados como parte del poder socio económico de la Iglesia en la época colonial.

En el caso de la cofradía de San Eloy se trataba de una “cofradía gremial” es decir se fundó en estrecha relación con el gremio de los plateros al cual se incluían otros trabajadores de metales preciosos: como los plateros de plata, los plateros de oro, los batihojas e incluso los oficiales de ensaye en el caso de contextos donde existían casas de recogimiento, y casas de amonedación. La cofradía por su parte tuvo un sentido más amplio y acogió no solo a plateros si no también a paileros, trabajadores del cobre y herreros. (Paniagua 1988, 200).

La cofradía de San Eloy nació bajo el amparo de la orden franciscana en 1585 y más tarde en 1602 se legalizó su funcionamiento bajo la protección del convento de Nuestra Señora de la Merced (Morán 2002, 151).  Esta cofradía asociada al gremio de plateros tuvo una capilla en el convento de La Merced, cuyos bienes más preciados fueron un retablo y una imagen del Santo[2] perdidos en un incendio en el siglo XX (Paniagua 1988, 202).  La cofradía celebraba cada año las festividades de San Eloy con fastuosas muestras devocionales.

La obra pictórica que presentamos como pieza del mes está inserta en la dinámica de la cofradía de San Eloy. Vicente López Solís, el personaje que aparece en la esquina inferior izquierda, fue un miembro activo de la cofradía en calidad de maestro mayor (Morán 2002, 154). López Solís habría pagado por esta pintura al afamado pintor Bernardo Rodríguez, razón por la cual él aparece en calidad de donante dentro del mismo, perpetuando su prestigio y reconocimiento profesional dentro de la cofradía y como maestro platero.

El oficio de la platería en Quito estuvo estrechamente relacionado al poder económico en la ciudad, no solamente por el capital que pudo ostentar la cofradía como asociación de los plateros, si no también por el estatus económico que sus miembros poseían. Vicente López Solís, tuvo una posición económica importante la misma que le permitió mandar a realizar este cuadro y contar con dos casas en el barrio de San Sebastián (Morán 2002, 153).

Esta obra nos permite comprender las distintas dimensiones económicas que las cofradías propiciaron en la sociedad colonial quiteña. La cofradía y el gremio de plateros estuvieron además relacionados estrechamente con la actividad económica de la ciudad por los talleres y oficios, el financimiento de obras y festividades que dinamizaron la economía quiteña colonial. Estas actividades, estructuraron muchas de las lógicas sociales y económicas, especialmente relacionadas con los metales preciosos y la centralidad de los mismos como objetos principales de cobro de impuestos que sostuvieron el Antiguo Régimen; entre esos impuestos, el llamado “quinto real”, aplicado en la comercialización de la plata sea labrada o en barra, la marca del impuesto con una corona imperial en tamaño pequeño en casos iba acompañada con la del platero o su cofradía.

Carmen Fernández Salvador (2012) realiza la siguiente descripción del cuadro:

“…El Santo aparece de pie, ataviado con vestimentas eclesiásticas (capa pluvial y mitra) y sosteniendo un báculo. Aparece rodeado de figuras del Antiguo Testamento que la Biblia identifica como trabajadores del metal. Sobre el Santo y bajo el ojo de la Trinidad están Moisés y Salomón, que recibieron inspiración divina para diseñar el arca de la Alianza y el templo de Jerusalén. Bajo ello, a la izquierda, se encuentran Bezaleel, que construyó el Arca (Éxodo 31), e Hiram, el arquitecto del templo de Salomón (I Reyes 7). A la derecha están Oliab, que creó el candelabro de siete brazos, y Terah[3] “un famoso orfebre, inventor de las monedas”. En el fondo aparecen dos santos que fueron orfebres: a la izquierda San Dunstan creando un crucifijo de metal, y a la derecha el santo carmelita San Anastasio. Abajo aparece el donante, Vicente López de Solís” (Fernández – Salvador 2012, 264)

 

Datos técnicos:

Bernardo Rodríguez. 1755. “San Eloy, obispo, platero portentoso en milagros”. Colección Ministerio de Cultura y Patrimonio

Bibliografía:

Guerra, Patricio. 2000. La Cofradia de la Virgen del Pilar de Zaragoza de Quito. Quito: PUCE - Abya – Yala.

Minchom, Martín. 2007. El pueblo de Quito. 1690 -1810. Quito: Fonsal.

Morán, Nancy. 2002. “El licimiento de la Fe. Platería religiosa en Quito”. En: Kennedy, Alexandra (ed.) Arte de la Real Audiencia de Quito, siglos XVII. XIX. Patrones, corporaciones y comunidades. España: Editorial Nerea. Pp. 145 – 162.

Paniagua Pérez, Jesús. 1988. “La cofradía quiteña de San Eloy”. En Revista Estudios Humanísticos. Geografía, historia, arte. Universidad de León. Pp. 197 – 213.

Stratton Pruitt, Suzanne L. (ed). 2012. The art of painting in colonial Quito. Philadelphia: Saint Joseph’s University Press.

 

Lorena Rosero M.

Investigadora – curadora

Museo Numismático Banco Central del Ecuador

31 de mayo 2023

 

[1] El otro bien que se conserva de esta cofradía es el  báculo de San Eloy que reposa en el convento de la Merced de Quito (Paniagua 1988, 203).

[2] Estos bienes materiales de la cofradía de San Eloy junto con un báculo, un roquete y las andas estuvieron en disputa por el pleito por el control de la cofradía y sus bienes dado entre 1735 y 1736 entre los plateros síndicos José Murillo y Joseph Albán y Palis.

[3] En la memoria popular se en honor a Terah se ha acuñado el termino “tirar” monedas o “tiraje” en referencia a la acuñación monetaria.

Viernes, 28 Abril 2023 15:21

América: proveedora de metales preciosos

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a la Corona con imperiales, Anónimo, siglo XVIII perteneciente a la Colección del Ministerio de Cultura y Patrimonio que se encuentra en exhibición en la sala 2 Monedas de América del Museo Numismático del Banco Central del Ecuador.

 

            La corona imperial o diademada es uno de los símbolos de la  Monarquía Española que se adoptó durante el reinado de Felipe II (1556-1598) en el cuál se registró la expansión y consolidación del Imperio Español como el más fuerte e importante del mundo. La corona diademada o imperial tiene diversos diseños y la que corresponde a nuestra pieza del mes, según su custodia de origen, es parte del complemento iconográfico de una imagen religiosa en la época colonial, que nos muestra el simbolismo y la importancia este objeto como ícono del Imperio Español.

           

            Nuestra corona elaborada en oro, tiene cuatro imperiales o diademas que se unen en el centro con un remate de cinco hojas de acanto en cuyo eje se aprecia una piedra amatista. Los cuatro imperiales o diademas de la corona están labrados en el metal con motivos fitomorfos y adornados incluso en su base con perlas, esmeraldas, amatistas y topacios. Este tipo de decoración es característico de las coronas imperiales que usaron los monarcas a lo largo de toda la época colonial.

 

            En la exposición permanente del Museo Numismático esta corona dialoga con el facsímil de una imagen de Felipe Guamán Poma de Ayala que corresponde a un grabado que data de aproximadamente 1590 en el que Guamán Poma grafica el Cerro Rico de Potosí con un Inca que sostiene las columnas de Hércules,  que terminan con una corona abierta que era la forma antigua usada por los monarcas españoles, con el lema Imperial “Plus Ultra” (más allá del estrecho de Gibraltar donde estaban las Indias) (Lane, 2022, LaGlobal).

 

En la parte superior del grabado, Guamán Poma realiza una denuncia en una frase en latín que dice: “El Ynga. Soy el soporte de tus columnas”, indicando que el sostén del Imperio Español fue posible gracias a la extracción de metales y el trabajo forzado en las minas.

 

Felipe Guaman Poma de Ayala, Plus Ultra, el ynga: “Soy el soporte de tus columnas” c.1590. En Martín de Murúa, Historia del origen y genealogía real de los reyes Incas del Perú. Imagen tomada de: LaGlobal. TheCabinet: https://flacso.edu.ec/laglobal/cabinet/artificialia/the-pillars-of-the-inca-potosi/

 

            En efecto, la Corona Española, se expandió gracias a la llegada masiva de plata americana a los territorios europeos en la época de Felipe II, quien enfocó el financiamiento de su política exterior y la expansión de su imperio con gastos que alcanzaron niveles impresionantes (Braudel, 2015, p. 482 – 483), mayores que en cualquier otro reinado entre los siglos XVI y XVIII. De hecho, en la estampa de la moneda potosina acuñada en la referida línea del tiempo, la corona española remata el escudo de armas del imperio español y por los bordes de la  divisa, el epígrafe “Philipus II DEI GRATIA

           

 El grabado de Guamán Poma de Ayala, se realiza justamente en la época de mayor  crecimiento del Imperio Español y cuando los territorios americanos empezaron a ser una pieza clave para esta expansión. A partir de 1580 empezaron a registrarse volúmenes sin precedentes de explotación y exportación de metales preciosos, especialmente de plata de América  hacia España (Braudel, 2015,  p. 29). Desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XVIII la plata proveniente de América representó el 80% de la producción mundial (Marichal 2017, p. 37). Esa plata amonedada en su mayoría, dio lugar al origen del real de a 8 como el referente monetario de divisa universal.

 

            Las minas de oro y plata de América española fueron las más ricas del mundo, las estimaciones indican que entre 1500 y 1800 de América salieron 150.000 toneladas de plata (Flynn y Giráldez citado por Marichal, 2017: 41-42) de las cuales su gran mayoría fueron del Cerro Rico de Potosí.

 

La extracción de metales sin precedentes en la historia global fue posible además debido a la fuerza de trabajo empleada en las minas que también fue el sostén del Imperio. A finales del siglo XVI la mina de Potosí contaba con un total de aproximadamente 13.000 mineros cuyo trabajo era forzado (mediante la mita[1]) (Marichal, 2017: 43 – 44).

 

Ya para el siglo XVIII, las flotas de barcos españoles regresaban de América a Europa cargados diversos productos que en “orden de importancia (fueron): plata, oro, tabaco, grana cochinilla, índigo y otros tintes, cacao, cueros y una considerable variedad de materias primas adicionales en menor volumen y de menor valor, como la quinina y la vainilla” (Marichal, 2017: 57). Los metales preciosos fueron así el principal producto de exportación de América hacia Europa siendo entregados en lingotes y monedas.  

 

Datos técnicos:

 

Corona con imperiales. Anónimo. Siglo XVIII. Colección Ministerio de Cultura y Patrimonio

 

Bibliografía:

Braudel, Fernand. 2016. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México: Fondo de Cultura Económica. Tomo I.

 

Braudel, Fernand. 2015. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México: Fondo de Cultura Económica. Tomo II.

 

Lane, Kris. 2022. “Las columnas del Inca en Potosí”. En LaGlobal. The Cabinet: https://flacso.edu.ec/laglobal/es/gabinete/artificialia-es/las-columnas-del-inca-potosi/

 

Marichal, Carlos. 2017. “El peso de plata hispanoamericano como moneda universal del antiguo régimen (siglos XVI – XVIII). En De la plata a la cocaína. Cinco siglos de historia económica de América Latina, 1500 – 2000, coordinado por Carlos Marichal, Steven Topik y Zephyr Frank, 37-75. México: FCE, El Colegio de México.

 

 

Lorena Rosero M.

Investigadora – curadora

Museo Numismático Banco Central del Ecuador

28 de abril 2023

 

[1] La mita fue un sistema de trabajo obligatorio y forzado que usó la Corona Española en la región Andina para cobrar tributos o impuestos a la población indígena. Es decir, para la población indígenas los tributos no fueron cobrados en dinero o bienes materiales, si no en fuerza de trabajo. De esta manera, los trabajos de minería formaron parte de este sistema de trabajo obligatorio por concepto de pago de tributos para la Corona.

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a la moneda de 8 reales de 1746 de la Casa de la Moneda de México, que forma parte de la Colección del Museo.

A partir de 1580, los territorios americanos empezaron a  simbolizar una pieza clave para la gran expansión del Imperio Español debido a la explotación de metales preciosos que alcanzó volúmenes sin precedentes hasta ese entonces (Braudel, 2015,  p. 29). Hasta 1550, los cargamentos de metal provenientes de América eran mixtos: de oro y plata; sin embargo, a partir de ese momento, los cargamentos que se transportaban en galeones a Sevilla, eran solamente de plata debido al descubrimiento de las importantes minas en Nueva España – Zacatecas y en el Virreinato del Perú, la gran mina de Potosí (Braudel, 2016, p. 479).

 

Este importante despunte de la explotación de la plata americana estuvo determinado también por la implementación, en 1570, de un sistema de amalgama para refinar la plata con azogue[1] que propició una mayor explotación y un extraordinario aumento en las exportaciones a Europa (Elliot, 2003, p. 28). Esto produjo una llegada masiva de plata americana amonedada y en lingotes a los territorios europeos que sostuvo la economía del Antiguo Régimen. De esta forma, desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XVIII la plata proveniente de América representó el 80% de la producción mundial (Marichal 2017, p. 37).

Para las sociedades y economía del Antiguo Régimen, tanto el oro como la plata fueron metales valorados como mercancías dinero, privilegiando su acumulación ya sea en monedas o materia prima (Ibídem), por su poder de cambio por otras mercancías valiosas y por su valor intrínseco. En este contexto, los reales de a 8 amonedados en Hispanoamerica se posicionaron durante tres siglos como una moneda fuerte y apetecida a nivel mundial por su alto nivel de pureza, confianza y aceptación universal en el comercio (Marichal 2027, p. 39).

 

Los primeros reales de a 8 conocidos en América y que son muy escasos fueron  acuñados por la Casa de Moneda de Lima. El resto de cecas americanas empezaron a batir esta denominación a partir de 1572 (De Santiago Fernández, 2022, p. 42).  El gran fraude que tuvo lugar en la Casa de Moneda de Potosí a mediados del siglo XVII  afectó el peso de ley y fineza de las monedas de plata, que fueron aleadas con una gran cantidad de cobre,  propiciando el cambio en las políticas y medidas adoptadas por la Corona Española en cuanto a la amonedación, obligando además a crear una nueva estampa en la moneda para diferenciarla de la “rochuna”.

 

Esta coyuntura, contrario a lo que se podría pensar, brindó un mayor impulso al peso de plata amonedado en América, pues el Consejo de Indias estipuló en 1687, que las monedas acuñadas en América mantuvieran la  composición antigua de plata mientras que las monedas castellanas que aún circulaban tendrían un valor de 10 reales de plata nueva (De Santiago Fernández, 2022, p. 55). Esto dio lugar al reconocimiento de dos tipos de plata, “la plata nueva” o más ligera de circulación interior, mientras que la plata batida en América se consagró como de curso internacional por ser una “plata gruesa” o de talla antigua, defendiendo su alta fineza (Ibídem). Así, a pesar del percance ocurrido con la ceca de Potosí, el peso de plata hispanoamericano mantuvo asombrosamente durante tres siglos su alta calidad de acuñación y equivalencia (Marichal 2027, p.45).

 

Con la llegada de la mecanización a las cecas a través de la incorporación del volante de acuñación y las máquinas de acordonar, el control de ley, puereza y calidad de las monedas alcanzó niveles casi perfectos. En 1733 se instaló esta nueva maquinaria en la Casa de Moneda de México, “(…)para finales del siglo (XVIII), la Casa de Moneda de la Ciudad de México estaba produciendo un promedio de 20 millones de pesos de plata al año” (Céspedes 1996 en Marichal 2017, p. 47), consagrándose como la mayor productora de las cecas americanas cuya amonedación se expandió a nivel mundial.

 

Las estimaciones realizadas por el científico alemán Alexander von Humboldt publicadas en 1811 y que han sido aceptadas hasta hoy como las más precisas, arrojan que para el siglo XVIII ingresaron mundialmente un total de 43 millones de pesos anuales, entre monedas entre oro y plata acuñadas en América hacia Europa, Rusia, Oriente Próximo, China e India a través de las rutas del Galeón Manila y del Cabo de la Buena Esperanza que transportaron plata no solamente mexicana si no también potosina (Humboldt 1811 citado por Marichal 2017, p. 58).

 

Uno de los más grandes mercados mundiales de plata hispanoamericana, sin duda fue China, que para el siglo XVI ya tenía 100 millones de habitantes (Marichal 2017, p. 60), convirtiéndose en el mercado más grande del mundo para el siglo XVIII. En este panorama, la demanda de plata fue enorme, pues para la sociedad china el ahorro y la acumulación de metales preciosos fue central como una “forma racional de tener liquidez”, debido a que su economía no contaba con bancas de depósito o cuentas de ahorro (Marichal 2017, 65).

 

            Este real de a 8 de la Casa de Moneda de México es un testimonio del comercio global y las conexiones mundiales entre América y con sociedades tan distantes como la china o la hindú. El intenso consumo y comercio de mercancías valoradas como la plata, la seda, el marfil, el azúcar, el cacao, entre otras, nos permite pensar en un mundo y unas sociedades históricamente conectadas y en constante movimiento.

 

Datos técnicos:

8 Reales, 1746, México, Casa de la Moneda de México. Colección Museo Numismático BCE

Bibliografía:

Braudel, Fernand. 2016. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México: Fondo de Cultura Económica. Tomo I

Braudel, Fernand. 2015. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. México: Fondo de Cultura Económica. Tomo II

Brading, David. 2017. Orbe indiano. De la monarquía católica a la república criolla, 1492 – 1867. México: Fondo de Cultura Económica.

Chacón, Manuel y Cuño Bonito Justo (eds). 2022. “Monedas, Medios de Cambio y Espacios de Circulación en América Latina y España: 1500 1900”. San José de Costa Rica: Fundación Museos Banco Central de Costa Rica. Enlace: https://museosdelbancocentral.org/exhibiciones/monedas-medios-de-cambio-y-espacios-de-circulacion-en-america-latina-y-espan%CC%83a-1500-1900/

Elliot, John. 2003. “España y América en los siglos XVI y XVII”. En Miguel León – Portilla et. al., América Latina en la época colonial. 1. España y América de 1492 a 1808, 1-41. Barcelona: Crítica.

Marichal, Carlos. 2017. “El peso de plata hispanoamericano como moneda universal del antiguo régimen (siglos XVI – XVIII). En De la plata a la cocaína. Cinco siglos de historia económica de América Latina, 1500 – 2000, coordinado por Carlos Marichal, Steven Topik y Zephyr Frank, 37-75. México: FCE, El Colegio de México.

 

 

Lorena Rosero M.

Investigadora - curadora

31 de marzo 2023

 

[1] El método de amalgamación o "de patio" constituyó una verdadera revolución en la minería de la plata hispanoamericana. Para este procedimiento se utilizaba  mercurio o azogue, que era mezclado con la plata molida y otras sustancias; la mezcla era depositada por dos o tres meses en grandes patios. De esta mezcla se obtiene la amalgama para luego ser lavada y fundida, obteniéndose plata más pura y recuperándose parte del mercurio, para volver a ser utilizado (Gallaga 2020).

La Tolita: pioneros en el trabajo del oro y platino

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador se renovó y como parte de esta nueva propuesta en la sala arqueológica “Rutas comerciales e intercambio” abordamos los sentidos del valor y las formas de intercambio en las sociedades prehispánicas a través de varios materiales como los metales, la concha spondylus, la obsidiana, la concha nácar y  productos cotidianos como los alimentos.

En el mes de febrero presentamos como piezas del mes a las toberas con decoraciones geométricas y el crisol pertenecientes a la cultura Tolita (600 a.C – 300 d.C), que forman parte de la colección del Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado y se encuentran exhibidas en el Museo Numismático del Banco Central del Ecuador.  

Estos bienes culturales nos permite conocer sobre algunos procesos relacionados a la fundición y trabajo de metales como el oro, el platino, la plata y el cobre en manos de los antiguos pobladores de la Costa ecuatoriana.

La evidencia del trabajo en metales en las sociedades precolombinas del actual Ecuador indica que se extendió durante el periodo de Desarrollo Regional entre el 600 a.C y el 300 d.C en donde se ha registrado un amplio desarrollo metalúrgico, especialmente en las culturas que ocuparon el área de Esmeraldas en Ecuador y Buenaventura en Colombia, denominadas Tolita- Tumaco (Scott, 2011: 67). Estas culturas son paradigmáticas por el trabajo en oro, platino y sus aleaciones.

Tolita, ha sido considerada la primera cultura en el mundo en fundir y trabajar el platino (Mejías, 1997:52; Scott, 2011: 90) y ser la creadora del método metalúrgico denominado pulvimetalurgia, método de fabricación que utiliza metal fundido o semi líquido para adherir o unir a otros materiales metálicos que no pueden fundirse fácilmente por sí mismos (Scott, 2011: 90), este es el caso del trabajo de aleación en platino y oro.

Los crisoles y las toberas son instrumentos fundamentales para la fabricación de objetos metálicos y todo tipo de joyería que destacó en la cultura Tolita. El oro y platino fueron trabajados tanto en frío como caliente (Scott 2011: 71-73), para la fundición se usaban crisoles de cerámica (ver imagen) directamente sobre fuego o sobre carbón al rojo vivo obteniendo la temperatura necesaria mediante el soplado con tubos de madera en cuyo extremo se colocaba la pieza de cerámica conocida como tobera la misma que se acercaba al fuego.

La producción en metal en la Tolita en su mayoría es oro – platino y oro ensamblado en joyería como pequeñas narigueras, aretes, cuentas, collares, pectorales, ajugas, punzones, máscaras, alambres, tachuelas, y figurinas zoomorfas y antropomorfas (Scott, 2011: 71).

La zona de Esmeraldas (Ecuador) incluida la isla de la Tolita o conocida también como “Pampa de oro” por su importancia arqueológica, son ricas en oro y platino aluvial proveniente de los Ríos Santiago y Esmeraldas (Ibíd: 72). El caso del platino es especial porque no se puede encontrar fácilmente en otro sitio que no sea la cordillera occidental mientras que en la oriental es muy rara su presencia (Scott, 2011: 73).

En Europa  desde el siglo XVIII se dieron algunos intentos de fundición de platino demostrándose que este metal era muy difícil de ser trabajado debido a las altas tempraturas a las cuales debía llegar para su fundición - 1.772ºC (Scott, 2011: 77). El descubrimiento y trabajo del platino por parte de los pueblos prehispánicos del actual Ecuador es remarcable pues en otros lugares del mundo como Europa el trabajo empezó a desarrollarse tardíamente a partir del siglo XIX (Augé and Legendre 1992:984 citado por Scott, 2011: 74).

Como hemos mencionado, dentro de las técnicas más extendidas por la cultura Tolita para la fundición de oro y platino estuvieron la fundición en crisoles usando fuego con carbón y toberas para azuzarlo, usando además el martillado con bloques de piedra pulida (Scott, 2011: 77); a través de estas técnicas la mayor tempratura probablemente alcanzada fue de 1.200ºC con la cual, el oro, sí puede llegar a fundirse, por lo que se presume que el oro y el platino fueron trabajados juntos, fundiendo el oro momentáneamente en donde eran ensambladas las pequeñas piezas de platino, que nunca llegaba a hacerse líquido completamente, pero que era capaz de mezclarse con el oro (Scott, 2011: 78).

El platino se usó de una forma decorativa que acompañó a otros metales como el oro, el cobre o la plata. La evidencia arqueológica muestra que la producción de La Tolita en su gran mayoría fue de oro – platino realizada en apliques, aleaciones, revestimientos de platino realizados al oro, obteniendo multiples artefactos y piezas incluso miniaturas, coloreadas de dorado y plateado debido al uso de ambos metales (Scott, 2011: 84), obteniendo piezas únicas en el mundo por su grado de sofisticación.

Estos pueblos valoraron el uso y trabajo de los metales como símbolos no solamente de los grupos de poder si no también, en el caso de Tolita, para el uso cotidiano por parte de los pobladores de las aldeas, existiendo además grupos especialistas en el trabjo de metales (Scott 2011: 91). El uso de técnicas, artefactos y herramientas además de la alta especialización en el trabajo de oro y platino colocan a la cultura Tolita entre las más interesantes y representativas de los pueblos prehispánicos de América.

Datos técnicos:

Crisol, Cultura Tolita (600 a.C – 300 d.C), Colección Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado.

Toberas con decoraciones geométricas, Cultura Tolita (600 a.C – 300 d.C), Colección Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado.

Bibliografía:

Estévez, Patricia. 2016. El patrimonio metalúrgico del Ecuador prehispánico. Conferencia virtual publicada en el canal de Youtube del Banco de la República de Colombia.

Mejías Álvarez, Ma. Jesús. 1997. “Algunas consideraciones sobre la orfebrería del platino en la América prehispánica a través de la cultura La Tolita – Tumaco” en Revista Laboratorio de Arte Nro. 10. Pp. 47-61.

Scott, D. A. (2011). THE LA TOLITA—TUMACO CULTURE: MASTER METALSMITHS IN GOLD AND PLATINUM. Latin American Antiquity, 22(1), 65–95. http://www.jstor.org/stable/23072516

 

 

 

Lorena Rosero M.
Investigadora - curadora
Museo Numismático BCE

Pieza122018

En el mes de diciembre, el Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a los billetes de la tercera emisión del Banco Central del Ecuador. Cerramos el año del Bicentenario de la Batalla de Pichincha con estos bienes culturales que nos hablan de motivos nacionales representados en la notafilia ecuatoriana. 

La tercera emisión de billetes del BCE se realizó a partir de 1949 siendo gerente de la institución Guillermo Pérez Chiriboga, en esta emisión se registraron cambios importantes como la unificación de los tamaños y la incorporación de motivos nacionales en los diseños principales de los anversos como Sebastián de Benalcázar en el billete de 10 sucres, la Iglesia de la Compañía en el billete de 20 sucres y Simón Bolívar en el billete de 100 sucres. 

Las medidas de estos billetes son de 15,7 por 6,7 centímetros, el diseño fue simétrico y la casa impresora fue la American Bank Note Company aunque otras denominaciones fueron encargadas también a casas impresoras como la Waterlow & Sons Limited y  la Thomas de la Rue & Company, Limited. Los reversos de los billetes también fueron unificados con la salvedad de que cada denominación fue representada con un color; así el billete de 10 sucres tiene el color azul, el billete de 20 sucres el color anaranjado y el de 100 sucres el violeta. Las cantidades emitidas para cada denominación fueron: 

Diez sucres: 7’000.000 de billetes
Veinte sucres: 2’000.000 de billetes
Cien sucres: 1’500.000 de billetes

Los motivos presentados en las denominaciones de la tercera emisión hacen alusión a íconos de la cultura nacional que se construyeron durante el siglo XIX como representaciones de la nación ecuatoriana. La figura de Simón Bolívar destaca en el billete de 100 sucres por su relación con el proceso de independencia y por formar parte de los íconos heroicos del país. 

Datos técnicos:
Tercera emisión de papel moneda,1949-1951, Banco Central del Ecuador, American Bank Note Company. Colección Museo Numismático BCE

Bibliografía:
Hoyos, Melvin. Historia del papel moneda en el Ecuador. Guayaquil: Municipio de Guayaquil, 2019.


Lorena Rosero M. 
Investigadora - curadora
Museo Numismático BCE

Viernes, 30 Septiembre 2022 13:23

Sucre: la construcción del héroe

Pieza122018

En el mes de septiembre, el Museo Numismático del Banco Central del Ecuador presenta como pieza del mes a la moneda de 1 sucre de 1884 acuñada en la Casa de la Moneda Heaton Birmingham (Inglaterra), perteneciente a la colección del Museo Numismático BCE.

El sucre, fue la moneda de curso legal en nuestro país desde 1884 hasta el año 2000. Con esta primera acuñación se formalizó el cambio al sistema decimal francés en el Ecuador dejando definitivamente el sistema octal con el “peso” español.

La figura de Antonio José de Sucre tomó relevancia en la esfera pública nacional, cuando la Convención Nacional en 1846, que lo reconoció como el principal caudillo de la independencia ecuatoriana (Fernández – Salvador, 2015).

En este contexto, la misma Convención Nacional en 1884 regularizó el sistema monetario nombrando al nuevo numerario como “sucre” y mejorando su ley de fino a 0.900 milésimas de plata. Las monedas acuñadas en plata se llamaron “sucres” y en oro “cóndor”. La nueva ley de monedas se expidió por parte del presidente de la República Dr. José María Plácido Caamaño el 28 de mayo de 1884 en la que se dispuso el diseño:

“…Art. 3º. El sello de las monedas de oro y plata, será el siguiente: por el anverso el Busto del General Antonio José de Sucre: en contorno la inscripción REPÚBLICA DEL ECUADOR; y al pie el numero del año de la acuñación; por el reverso el escudo de armas de la República: en contorno y a la izquierda, el peso de la moneda en números: a su derecha, la ley en números: en la parte superior, el valor expresado en letras; y al pie las iniciales del nombre y apellido del ensayador, y a continuación el nombre del lugar de acuñación.” (Ley de Monedas 1884 citado por Ortuño, 1977, p. 145).

De esta manera, la moneda sucre fue acuñada en distintas casas de moneda como Heaton Birmingham, Chile, Lima y Filadelfia, introducida y distribuida por varios bancos particulares como el Banco de Quito,  Banco Internacional, Banco del Ecuador y Banco Comercial y Agrícola.

La creación del sucre se enmarca en un contexto de exaltación de la figura de Antonio José de Sucre como héroe nacional. Los gobiernos progresistas realizaron una serie de programas para rescatar su figura, especialmente a través de esculturas públicas como las que se inauguraron 1874 y 1892, del rescate histórico en la exhumación de sus restos y reliquias en 1900 del monasterio del Carmen Bajo de Quito y por supuesto el bautizo de la moneda nacional ecuatoriana con su nombre (Fernández – Salvador 2015).

A partir de 1928 el sucre fue acuñado igualmente en varias casas de moneda internacionales y emitido por el Banco Central del Ecuador como único banco nacional emisor de moneda hasta su última emisión en monedas y billetes de 1995.

Datos técnicos:

1 Sucre,1884, Casa de la Moneda Heaton Birmingham. Colección Museo Numismático BCE

Bibliografía:

Banco Central del Ecuador. Ficha técnica del registro de bienes culturales. 1 sucre 1884. Inédito.

Ortuño, Carlos. 1977. Historia Numismática del Ecuador. Quito: Banco Central del Ecuador.

Fernández - Salvador, Carmen. 2015. “De monumento a cuerpo: reinventando la memoria de Sucre en Quito (1892-1900)”. Revista 19&20, Rio de Janeiro, v. X, n. 2, jul./dec. Enlace: http://www.dezenovevinte.net/uah2/cfs.htm

Lorena Rosero M.
Investigadora - curadora
Museo Numismático BCE


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